¿Qué pasa cuando la alimentación detona cosas negativas? ¿Cuáles son las enfermedades más grandes e importante que surgen al no tener una buena alimentación, cuál es el riesgo?

BK: La mayoría de las enfermedades, al menos las que sufrimos en Occidente, tiene que ver con la alimentación: diabetes, hipertensión, gastritis, enfermedades del sistema digestivo o cardíaco. La enfermedad que más gente mata al año en México y EUA son los infartos al corazón, y por supuesto después viene la diabetes, o cáncer.  

JL: Hay algunas personas que no piensan que la comida se relaciona con el cáncer, ¿cómo saber, en qué momento sabrás si lo estás provocando o no?

BK: Creo que es un tema de hábitos y de constancia, no te mata un cigarro, así como dejar de fumar un día no te salva. Es más bien el cúmulo de cosas, tiene que ver con la tendencia genética, el peligro está, pero tus hábitos pueden o no detonar esa arma. Hay ciertos hábitos relacionados con ciertas enfermedades o tipos de cáncer, claro que es un realidad. 

JL: Dígamos que alguien no tiene una alimentación saludable durante mucho tiempo, pero cambia sus hábitos, ¿se podría revertir? 

BK: Sí es reversible, hay pruebas de enfermedades cardíacas o diabetes que son reversibles con la dieta y los hábitos. En términos de alimentación, cada día cuenta, cada día que comes bien le deja a tu cuerpo una ganancia, nunca es empezar de cero. Todo suma.

JL: ¿Cuáles son los retos más grandes que enfrenta alguien, por ejemplo con diabetes, que quiere empezar a cambiar su vida?

BK: El reto principal son los hábitos, a lo que estás acostumbrado, esa suele ser la barrera, el apego. Pero una vez que disfrutan los cambios es mucho más fácil. Los hábitos para evitar cualquier enfermedad, sea cáncer, hipertensión, diabetes, etc, son los mismos, porque éstas se pueden relacionar a una alimentación deficiente. 

JL: ¿Cuáles crees que son los indicadores de alerta para darte cuenta que no tienes que llegar al riesgo para tomar acción?

BK: Lo más importante es estar en contacto con tu médico, hacerte chequeos de rutina. Mínimo una vez al año.